
Es un precioso niño escocés, de apenas 9 años, pero todo un veterano luchador contra una enfermedad mortal: desde los 4 años (más de la mitad de su vida) se ha enfrentado con insólita valentía contra el cáncer. Cuando parece que ya este le gana la batalla, Anton McManus dice NO con energía, y todo vuelve al inicio. Como es muy difícil para un superhéroe ganar todo solo, se ha hecho acompañar de su propia constelación de superamigos. El primero en que pensó fue en José Ratzinger, quien podría hablar con el mismísimo Dios para pedirle que devuelva su salud y le permita ir por la vida como si nada, tal cual merecen todos los niños del Mundo. Por ello le envió una misiva: «para pedirle a usted si podría bendecirme cuando venga a Glasgow para ayudarme a mantener lejos mi cáncer. Rezaré para ver si hay respuesta» y termina su carta con una frase lapidaria: «si alguien puede ayudarme es Dios».
Pero los héroes de Anton no son solo aquellos que pueden hablar a Dios; sino también los héroes de millones de niños en el mundo: los futbolistas, que tienen la facultad de ejercer una fascinación sin igual, en chicos y grandes, en mujeres y en hombres, en chinos, afganos y tibetanos . Y entre ellos, Anton tiene sus predilectos: uno de ellos es el Niño Torres (vaya qué buen conocimiento tienes de fútbol, Anton), otro es Lennon (no el genio músical, sino el jugador de los Celtics de Glasgow); pero su principal superhéroe, la más preciada postal de su álbum es el mismo que encanta a millones de niños en el Mundo: Leo Messi...
Así como Messi seduce por su futbol genial, y por su sincero interés en los niños, Anton encanta por su tenacidad... Su primer sueño fue que el Papa leyera su carta y le sirviera de intermediario ante Dios; primer sueño cumplido. Su segundo sueño fue conocer al Niño Torres, y Anton fue directo: la visita del niño le impactó más que la del Papa. Su mayor sueño? Antón responde así cuando se le pregunta quién es su máximo héroe: ¿Y quién es su máximo héroe? "Lionel Messi. [..] eso sería un sueño hecho realidad". No hay sueño que se te resista, querido Antón...

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